sábado, 12 de julio de 2008

El docente en su quehacer pedagógico


Son tantas las variables que influyen en el proceso de aprendizaje de nuestros educandos, que por más que quisiésemos dominarlas todas no sería posible. Es así, como los docentes deben adaptarse, a todo aquello que rodea al educando, desde la familia, hasta situaciones tan preocupantes como algún síndrome deficitario que el educando pueda presentar. Siendo esta la panorámica que rodea el quehacer del educador, es que cabe preguntarse, ¿cuán difícil se vuelve la transformación del contenido en didácticas?, que permitan que el educando adquiera aprendizajes significativos, como también que dichas didácticas sean acordes con el contexto en el que se desenvuelve el proceso educativo.
Realmente es difícil y ardua la labor que cumple el docente, ya que no sólo es un transmisor de conocimientos, sino que debe buscar además las metodologías especificas que permitan que todos o la gran mayoría de los educandos que a su cargo se encuentran, aprendan y es en este preciso momento donde las didácticas de las ciencias sociales adquieren un rol fundamental, a través de ellas el educador transforma los contenidos, para que sean significativos a los educandos; es necesario pensar también que el contexto en el que se desarrolla el docente marca la pauta del cómo llevar a cabo su labor, debido a que se debe adecuar a la herramientas que el establecimiento educativo les entrega.
Por tanto, pensado en los educadores en general, es bastante difícil la labor, sobre todo para aquellos que se desempeñan en establecimientos con deficiencias sobre todo en el ámbito económico, ya que este se vuelve un doble trabajo para los educadores, uno de ellos es el entregar conocimientos, y la segunda es el pensar en cómo transmitir esos conocimientos (didácticas) de modo de adecuarse a la realidad y ¿quién nos ayuda con eso?.

miércoles, 7 de mayo de 2008




"El educcador necesita del educando, asi como el educando necesita del educador..."

Carrusel




Que recuerdos que me trae el volver a ver "Carrusel", sí, porque imaginaba como seria tener una profesora así como la Maestra Jimena, quien con cariño llegaba a sus educandos, y se ganaba el amor de ellos.
Este es uno de los desafíos de ser docente, el poder mezclar el cariño por los educandos con el amor por nuestra asignatura.

¿Consistirá en esto SER PROFESOR?

Al comienzo no parece difícil enseñar. Habituados a la escuela que explica los saberes, uno tiene la Impresión de que lo importante es ser riguroso y claro.
Después la misión se hará más compleja: ¡Qué es lo más importante que tengo que enseñar? ¡Qué he de hacer para llegar a todos?

Con el tiempo aparecen preguntas que esperaban. ¡Tengo que ser un modelo de crecimiento humano? ¡Puedo ser profesor a pesar de mis limitaciones, de mi escaso avance en humanidad?

Y cuando tengo que poner notas: ¡Es esta una misión del que enseña? Mientras más externa es la prueba, más fácil de corregir, más utilidad presta a la asignación de calificaciones; pero esa externidad no es lo propio de mi oficio. ¡Puedo adaptarme a la necesidad de la calificación fácil y realizar mi misión de llevar a los alumnos hacia más arriba, a lo esencial?

Y cuando tengo que hacer un informe de personalidad de mis alumnos. ¿Puedo hacerlo? ¡Qué sé yo de ellos más allá de lo que soy capaz de observar en la clase? Algo sé de dos o tres, tal vez de seis, de siete; pero ¡qué sé de los demás?

En la clase, a veces, un alumno pregunta: ¡y esto para qué sirve? Yo no me lo había preguntado. En la disciplina parece importante, pero el niño pregunta si acaso es útil para él. Y si descubro que él tiene razón ¡Qué debo hacer?

Un día mis alumnos del liceo me contra propusieron tareas muy distintas a las que yo les había dado. Y tenían razón. Tomé su partido y empecé a hacer mejor las clases.

Cuando me llamaron al Ministerio de Educación tuve que optar entre mis alumnos y la tarea ministerial. Consulté con ellos. Me dijeron: «Nosotros le hemos enseñado a ser profesor, lo sacamos de su presión del programa y le indicamos que su sentido era el crecimiento de los demás. Si aprendió verdaderamente esto, váyase al Ministerio que allá podrá ayudar a más niños. Si no lo ha aprendido todavía, quédese aquí. Nosotros lo conocemos y lo podemos ayudar».

Me fui al Ministerio. Cada vez que tengo que sostener una tesis o escribir una propuesta pienso en lo que mis alumnos me enseñaron. ¡Consistirá en esto ser profesor?



Gabriel Castillo InzulzaPremio Nacional de Educación
Evangelizar Educando, Vicaría para la Educación, Marzo – Abril 2001.

martes, 6 de mayo de 2008

Antes de empezar

Hay un refrán irónico que dice que lo mejor de la enseñanza son junio, julio y agosto. Para los profesores no siempre es fácil considerar el refrán como una broma.
Si se toma en serio, enseñar puede ser algo muy duro. Cada estudiante es único, tiene su propia forma de aprender y sus propias capacidades, intereses, experiencias y motivaciones. Y cada uno necesita una atención personalizada que el profesor debe prestar en cuerpo y alma.
Por eso la enseñanza tiene más de vocación que de oficio, y necesita tanto talento y destreza como cualquier arte. No es extraño que uno se sienta a veces agotado y axhauto.
El arte de educar no podrá librarte de los momentos duros. No hará que tu clase sea menos numerosa ni corregirá los exámenes; no preparará por ti las lecciones ni mejorará a los alumnos. Pero ofrece consejos alentadores y realistas para que cuides de ti mismo, saques a la luz lo mejor de tus alumnos y reconozcas y respetes el poder que tienes para cambiar sus vidas.

1. Dedicar tu vida a hacer lo que es realmente importante es una gran satisfacción, y enseñar lo es.
2. Recuerda a aquellos profesores que influyeron en tu vida positivamente. ¿Qué hicieron? ¿Cómo se las arreglaron para proporcionarte lo que necesitabas? Sigue su ejemplo.
3. Sé consciente de que no sólo estás enseñando una signatura, Estás abriendo mentes y corazones, estás modelando vidas.
4. Entusiásmate por tus alumnos, por aprender y por vivir, y transmíteles ese entusiasmo. Tanto ellos, como tú os enriqueceréis enormemente.
5. Apasiónate por la asignatura que enseñas. El entusiasmo es contagiosos.
6. Escucha y respeta los sueños de tus alumnos. Y anímalos a alcanzar otros todavía mayores.
7. Los niños necesitan unas pautas de comportamiento, unas reglas adecuadas que les ayuden a aprender y madurar. Proporciona a tus alumnos normas firmes, justas y coherentes.
8. Actúa con generosidad, justicia e integridad. Así les enseñarás estos valores sin esfuerzo.
9. Organiza bien tu tiempo y serás más eficaz cada día. Si te llevas trabajo a casa, sé consciente de que tendrás que realizarlo. Pero también necesitas tiempo libre para descansar y evitar el estrés.
10. Si pides a tus alumnos que sean responsables tú también debes ser responsable con ellos. Cumple tus compromisos; mantén tus promesas.
11. La enseñanza exige mucha dedicación. Procura cuidarte físicamente. Toma alimentos sanos, haz ejercicio, descansa lo suficiente.
12. Debes cuidarte espiritualmente. En el aula es tan importante como el ejercicio físico.
13. Los alumnos necesitan un ambiente acogedor donde puedan sentirse seguros y respetados. Haz tu aula este lugar.
14. Gozas de gran crédito entre tus alumnos; de ti depende que los niños disfruten o desaprovechen la clase. Usa tu influencia de manera positiva.
15. Enseña a tus alumnos que cometer errores no es tan grave. Los errores no tienen por qué avergonzarnos, más bien nos brinda la posibilidad de aprender a hacer las cosas mejor.
16. A veces encontrarás dificultades en tu relación cm alguno de los alumnos. Averigua cuáles son tus inclinaciones y preferencias y trata de superarlas intentando prestar a cada uno de los niños la misma atención y el mismo trato.
17. Procura aceptar por sí mismos a todos tus alumnos. No siempre podrás admitir su comportamiento, pero sí su propio ser, su existencia misma. Incluso cuando algunos de ellos no te gusten demasiado, si lo intentas, llegarás a quererlos.
18. Piensa que en el corazón y en la mente de tus alumnos pueden existir tensiones: situaciones familiares difíciles, cambio de amistades, incertidumbres, dudas y temores. Acepta a cada uno como persona íntegra que es.
19. Ten en cuenta que para algunos alumnos, el colegio es un alivio, un lugar seguro. Haz que sea realmente un lugar acogedor donde puedan expresarse y ser ellos mismos.
20. Cada día tienes la oportunidad de ofrecer un mundo a tus alumnos; de brindarles conocimientos y experiencias capaces de cambiar sus vidas. Aprovecha estas posibilidades.
21. Ayuda a tus alumnos a descubrir sus dotes personales, a realizarse, a superarse. La satisfacción del éxito conseguido les proporcionará la autoestima que necesitan.
22. La escuela puede ser el lugar donde los alumnos descubran sus propias capacidades y valores y contrarresten las malas influencias de otros ambientes. Dales esta oportunidad.
23. Continúa tu formación. Sigue aprendiendo; desarrolla tus intereses. Vivirás más intensamente y te proporcionará nuevas perspectivas que compartir con tus alumnos.
24. No olvides que tus alumnos están todavía aprendiendo y desarrollándose. Ten paciencia con esas mentes y espíritus en crecimiento.
25. El humor puede ser un excelente instrumento didáctico. Utilízalo con cuidado y prudencia, nunca para humillar.
26. Vigila tu estado de ánimo. Ten en cuenta tus propias necesidades y problemas, de forma que no sean tus alumnos quienes paguen las consecuencias.
27. Apóyate en tus colegas, busca en ellos ayuda, comprensión, consejo y diversión. Pueden ser fuente de sabiduría y energía.
28. Procura sentirte bien contigo mismo; convéncete de tu propia valía. Los demás tendrán un buen concepto de ti si tú mismo lo tienes.
29. Si te sientes seguro, podrás ayudar a los niños a sentirse seguros; si te encuentras a gusto, podrás tranquilizarlos en sus temores. Cuidarte a ti mismo revertirá a favor de tus alumnos.
30. A lo largo del día podrás optar muchas veces por cualquiera de estas alternativas: ensalzar o humillar, motivar o desanimar. Elige conscientemente.
31. Ten en cuenta lo difícil que es ser niño; la fragilidad y vulnerabilidad que padecen en su mundo cuyas normas ignoran todavía, en un mundo donde se sienten inseguros aunque no lo demuestren. Tú puedes ser su guía en ese mundo.
32. En los días difíciles, cuando la moral está por los suelos, recuerda los motivos que te impulsaron a ser profesor. Recuerda las veces en las que estabas completamente convencido de que esa era tu vocación.
33. Tú eres un adulto y tus alumnos son todavía unos niños. Pero reconoce también que tienes un niño en tu interior que reclama tu atención y cuidado. No dejes que el tiempo que tienes que dedicar a ese niño se interponga entre tus alumnos y tú.
34. Ten en cuenta que tus alumnos tienen capacidades diferentes. Utiliza varias técnicas de aprendizaje para desarrollar las distintas aptitudes: verbal, lógica, visual, corporal musical, interpersonal, personal.
35. Aprecia la singularidad de cada uno de tus alumnos como muestra de la riqueza de la creación. Afirma en cada uno de ellos la variedad de sus talentos, sus diferentes herencias culturales.
36. Infunde confianza a tus alumnos; que se den cuenta de lo importantes que son, de que el mundo puede ser mejor porque ellos forman parte de él.
37. Tu influencia en la vida de tus alumnos tiene resultados positivos. ¡Da gracias por ser profesor!

Tomado del libro: El arte de educar. ISBN: 842852081X. Título original: Teacher therapy.Escrito por Karen Katafiasz. Con ilustraciones de R.W. Ally.Trad. Adoración Pérezã Abbey Press – St. Meinrad, Indiana 1997.ã SAN PABLO 1998, Protasio Gómez, 11-15, 28027 MadridDistribución: SAN PABLO. Resina, 1 28021 Madrid.

miércoles, 9 de abril de 2008

Decalogo del joven docente!


1.- Comparte el trono de la sabiduría y la razón con tus alumnos. No te consideres su dueño, mejor considérate su humilde servidor.
2.- Preocúpate por las necesidades y motivos de los estudiantes, son los que importan. Tú trabajarás para hacerlos coincidir con tus intereses pedagógicos.
3.- No trasmitas conocimiento. Convoca a que este sea descubierto por tus discípulos.
4.- Habla poco, enseña más. No uses el tiempo y el espacio de tus alumnos para demostrar cuanto sabes.
5.- Selecciona rigurosamente el contenido. Quién trata de abarcar todo, no abarca nada y solo cree que sabe todo de todo el que no sabe nada de nada.
6.- Usa la tecnología para facilitar tu vida, no para complicarla. Si logras hacer más agradable y productivo el proceso de aprendizaje úsala, sino deséchala.
7.- Ama primero, exige después. Antes de sentir el rigor de tu exigencia es preciso que el alumno sienta tu afecto y tu amor.
8.- Evalúa como enseñas. En la evaluación haz de usar y permitir usar todos los recursos que utilizas para enseñar.
9.- Respeta más a tus alumnos que a tus gerentes. En última instancia tus alumnos dirán la última palabra sobre la autenticidad de tu enseñanza.
10.- No temas a la diversidad, tenla en cuenta. Cada alumno deberá andar conforme a sus limitaciones y potencialidades, no trates de nivelar el grupo.